El otro día se acercaron a nuestra redacción unos cuantos chavales del grupo
scout Chaminade, al que yo pertenecí como monitor hace ya unos cuántos años.

Y no dejará de asombrarme la capacidad de sorpresa, ingenuidad, inocencia y solidaridad de los niños. Su buena predisposición para todo y todos. Valores, que cada vez, faltan y fallan más en nuestra moderna e individualista sociedad. Por otro lado, un grupo
scout no es lo que muchos piensan acerca de su
carácter militarista y religioso. El primero no existe (no en los grupos que yo he conocido), y el segundo está ahí para él quiera cogerlo, así como ocurre en la vida. El
escultismo puede ayudar a los niños y sus monitores a acercarse al campo, a nuestras raíces y a fomentar valores como el trabajo en equipo, la organización y la disciplina. Pero sobre todo porque harás amigos para toda la vida y tendrás experiencias y conocimientos muy gratos.

Pues lo dicho, al ver a los chavales y su asombro no pude dejar de recordar aquellos buenos momentos y las pocas ganas que tengo de perder mi inocencia y dejarme llevar por nuestra cruel e
insolidaria sociedad.